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Tatuar al presidente: Cómo llegó Yumbel Góngora a trabajar en la piel de Boric

Tatuar al presidente: Cómo llegó Yumbel Góngora a trabajar en la piel de Boric

Cuando Gabriel Boric resultó electo Presidente de Chile, la prensa extranjera se hizo un festín destacando algunas de las características más llamativas del aún diputado. Se habló de su juventud; de su carrera política forjada en las calles -sobre todo liderando el movimiento estudiantil de 2011-; y, cómo no, de que sería el primer mandatario latinoamericano con tatuajes visibles.

De lo que se sabe, Gabriel Boric lleva cuatro tatuajes en la piel. El primero que se imprimió fue esa suerte de argolla negra que adorna su brazo derecho, casi a la altura del codo. Los otros tres se escapan del diseño minimalista, y se relacionan con el territorio que se ha transformado en una verdadera marca registrada del futuro presidente: su natal Magallanes.

Además de compartir una vinculación con esa región austral, los tres últimos tatuajes de Boric tienen otro punto en común: fueron realizados por la artista local Yumbel Góngora, quien conoció al político en 2014, cuando nadie proyectaba que, en menos de una década, terminaría en La Moneda.

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El nombre Yumbel puede significar muchas cosas. Si se interpreta basándose en vocablos poéticos araucanos, es leído como “luz de aurora”, o “sol naciente”. Pero la madre de esta tatuadora, quizás adelantándose al futuro oficio de su hija, se quedó con la definición de “arcoíris resplandeciente”.

Yumbel Góngora (34) nació en el corazón de Lima, la capital de Perú. A fines de los ’80, en medio de un ambiente político incierto, marcado por el actuar del grupo revolucionario Sendero Luminoso y su incansable lucha contra el Estado, Yumbel emigró a Chile junto a su padre, un periodista peruano, y su madre, una artista itinerante chilena. No fue un aterrizaje simple. Recuerda que, para su familia, era “difícil vivir del arte en el Chile post dictadura”.

El camino que llevó a Yumbel a adentrarse en mundo de la tinta comenzó en su etapa escolar, específicamente en el Liceo Experimental Artístico de Quinta Normal. Un compañero empezó a tatuar a sus pares, algo que a ella le llamó la atención. Con él se hizo su primer diseño, una astromelia, lirio salvaje que lleva a todo color en la parte interna del antebrazo.

Esa primera experiencia le dejó una huella indeleble, que traspasó la frontera de su piel. “Para mí, siempre hay una introspección cuando estás soportando el dolor físico del tatuaje. Me gustó ese viaje interior, y esta intimidad con la persona que te está tatuando”, confiesa.

Yumbel dice que, aunque podía traer amigos para tatuarlos desde un principio -siempre bajo la mirada atenta de Daniela-, “tuvo que estudiar un montón”. Su mentora le pasaba “fotocopias de libros del Ministerio de Salud, con manuales de asepsia, antisepsia y manejo de material cortopunzante”, además de entregarle algunas nociones de teoría del color.

Dos años después, vino la graduación, al menos a nivel simbólico. Daniela le dijo a Yumbel que sacara, de su perfil en Facebook, la etiqueta de “aprendiz de tatuadora”.

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El estudio donde actualmente tatúa Yumbel es aledaño a Avenida Matta en Santiago, cerca del metro Irarrázaval. Pasado el frontis de una casa antigua, camuflada como un domicilio cualquiera del sector, un felpudo con un arcoíris y el mensaje “Bienvenides todes” invita a pasar. Adentro, en una sala de muros claros donde cuelgan decenas de ilustraciones reconvertidas en tatuajes, la artista recibe a sus clientes. La música suena despacio y, de fondo, el ventilador cumple su rol indispensable, como banda sonora del verano.

Las palabras del felpudo no son coincidencia. En ese lugar, que ocupa desde hace poco más de año y medio, Yumbel busca instalar un “espacio seguro”. Sin embargo, señala que “acá hay posiciones políticas claras: no se admite xenofobia, gordofobia y transfobia”. Por lo mismo, dice que su estudio es también un espacio “feminista y antifascista” y que ella, como lesbiana y parte de la comunidad LGBTIQ+, quiere “que la gente se sienta segura acá. Que se sientan cómodes”.

Tatuar al presidente: Cómo llegó Yumbel Góngora a trabajar en la piel de Boric

La artista recalca la importancia de esta impronta, citando una serie de funas que existen contra tatuadores que “te piden sacarte más ropa de la que necesitas, o te tocan más de lo necesario”. En esa línea, comenta que “es el espacio que puedo entregar para que la gente venga a hacer algo con su cuerpo, que también es una forma de tomar posesión de su propio cuerpo”, reconociendo que es “un momento súper vulnerable cuando estás sintiendo dolor”.

Al tratar de definir su estilo, Yumbel identifica que su gusto pasa por “todo lo que es sólidos y coloridos”. En el pasado exploró los tatuajes solo en negro, pero actualmente lo que le cautiva es el color. Eso sí, siempre con líneas definidas; y el negro, “bien sólido”. “Viene un poco de la escuela tradicional del tatuaje gringo. Tiene esa estructura”, añade.

En sus diseños, dice que le gusta tomar las imágenes y reducirlas “casi a un símbolo”, para que sean “más potentes”. Y en cuanto a sus influencias gráficas, menciona el animé y manga japonés. Cita a los tradicionales Dragon Ball y Sailor Moon, pero también otras obras de autores que juegan con temáticas de terror.

Complementa esa mirada con lo que emana de las artes precolombinas, como la cultura mexicana huichol. “Hacen unos telares súper coloridos que cuentan las historias de los viajes de gente en peyote”, con imágenes de “flores y animales”. Además, le gusta mucho la escuela del “cartel chicha peruano”, también muy colorido.

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A Gabriel Boric lo conoció por un amigo de Punta Arenas, con quien compartía el afán por los cómics y fanzines. Él le comentó a Yumbel que tenía un cercano que buscaba tatuarse. El cercano Boric. Este le escribió por correo electrónico, pero “esa vez no concretamos el tatuaje, quizás por la dispersión del año nuevo”. Fue en ese intertanto que se habría hecho la argolla negra. “Me dijo: ‘No me aguanté, me lo hice, pero me quiero hacer otro’”, recuerda Yumbel.

Después vino una lenga magallánica, en el pecho. “Ese fue más sencillo: me dijo que quería este árbol, muy de Magallanes”. Buscaron fotos, concertaron un diseño, y Yumbel lo tatuó en 2016.

Boric, como cliente, es “piola, está conversando todo el rato”. No es particularmente quisquilloso, pero sí le duele, algo que demuestra soltando espontáneos “uh”. No gritaba, “pero tampoco se hacía como el machito, como si no le pasara nada”, asevera Yumbel sobre uno de sus “clientes especiales”.

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“Es complicado”, resume Yumbel cuando se le consulta si comparte la visión política del presidente electo. Antes se sentía más cercana a sus planteamientos, pero eso cambió con el estallido social y, particularmente, cuando Boric firmó el Acuerdo por la Paz el 15 de noviembre de 2019, algo que considera un error.

“Me han dicho que podría haber sido peor si es que no firmaba, pero igual siento que fue peor, y para mucha gente que está presa hoy, sigue siendo peor (…). Podrían haber existido otros acuerdos”, asegura, pensando en las personas apresadas en el estallido que siguen a la espera de un juicio. “(En su gobierno) se van a tener que hacer cargo de los presos. Hubo gente que pagó con su vida. Esta es una batalla que fue muy popular, en la calle”, opina.

A pesar de este punto, Yumbel sí votó por Boric en las elecciones presidenciales, porque comparte los principales lineamientos de su programa. No así en las primarias de Apruebo Dignidad, donde se inclinó por la carta del Partido Comunista, Daniel Jadue.

Proyectando hacia adelante, la tatuadora cree que Boric “es muy maleable. No sé si aguanta tanto la presión. Siento que ante este fascismo extremo que estamos viendo, hay que tener las cosas claras y las posiciones bien definidas. Las medias tintas terminan en estas cosas, como la gente que está presa hasta el día de hoy por construir el movimiento que finalmente los lleva a ellos a estar en el poder”.

Ante la duda sobre si Boric cumplirá sus promesas de campaña, Yumbel recibe cierta “seguridad” del saber que no está solo, al tener a “todas estas otras personas detrás con un proyecto más grande que un presidente”. De todas formas, hay un dejo de desconfianza: “El poder es el poder, y el poder corrompe a todo el mundo”.

De paso, le deja un mensaje al próximo mandatario. “Vivito hermano, vivito. Sé que tiene buenas intenciones y buenas ideas, y que el equipo está ahí, pero no tiene que bajar la guardia, y no tiene que tenerles miedo a los fachos. Sin miedo, como en la calle nomás”, concluye.

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Gabriel Boric es, en este instante, sinónimo de trending topic. Adonde vaya, deja una estela captadora de atención notable. El caso más reciente es el de La Terraza, un local céntrico de la capital donde se captó al magallánico comprando un Barros Luco con palta, tomate y extra mayo casera. Génesis del ahora Boric Luco.

Para Yumbel, el fenómeno fue parecido. Gente que se había tatuado con ella le escribe, casi con orgullo, que no podían creer que tenían en su cuerpo trabajos de la misma tatuadora del presidente electo. “Se andaban cachiporreando”, y lo compartían con sus amigos, dice la artista, mientras ríe.

Aunque esa exposición no le significó una llegada masiva de clientes, Yumbel cree que sí le trajo “harto movimiento” con el “algoritmo” de Instagram. Además, algunos contactos que no estaban decididos si tatuarse, ahora se abren rápidamente al “sí, vamos”.

Yumbel reconoce que tiene un quinto diseño en carpeta que, a principios de 2021, conversó con Boric. Pero, por el trajín presidencial, no espera que se concrete pronto. El contenido del tatuaje todavía es secreto y, lamentablemente, The Clinic no tendrá la primicia. Sin embargo, adelanta que una vez más es relativo a Magallanes. A la potencia del viento.

De todas formas, le volvería a abrir las puertas al presidente electo si quisiera tatuarse. Los Carabineros que lo escolten, eso sí, “se quedan esperando ahí afuerita”, afirma riendo, pero muy seria.

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